Cómo saber si tus preparados funcionan es la pregunta que más me hacen los agricultores que llevan una o dos temporadas aplicando los preparados. No es sobre dosis ni sobre horarios. Es más incómoda que eso:
«Jordi, ¿cómo sé yo que esto está haciendo algo?»
Es una pregunta honesta y merece una respuesta igual de honesta. Los preparados no dan un resultado que se vea al día siguiente, como el golpe de verde de un abono soluble. Trabajan en la estructura y en la vida del suelo, y eso se lee despacio. Pero se lee. Y el otoño es la mejor época para hacerlo: la tierra está húmeda, sin cultivo encima, y todavía guarda el calor del verano, así que la actividad biológica está a la vista.
Lo que sigue no lo he inventado yo. Está en los ensayos de largo recorrido y en las visitas de campo de gente como Klaus Wais, Manfred Klett, Eckard von Wistinghausen o Ehrenfried Pfeiffer. Yo solo lo he ordenado en forma de ocho cosas que puedes mirar tú mismo, sin gastar un euro.
Antes de salir al campo: qué estamos buscando en realidad
Cuando un suelo mejora de verdad, mejora en una cosa concreta: la unión entre la arcilla y el humus. El complejo arcillo-húmico.
Y aquí viene lo interesante. Ese complejo no se forma por química mineral, mezclando tierra y estiércol. Se forma dentro del aparato digestivo de la fauna del suelo: ácaros, colémbolos, larvas y, sobre todo, lombrices. La lombriz traga a la vez materia orgánica y partículas minerales. En el primer tramo de su intestino segrega bicarbonato, que neutraliza el pH y lo sube de 6 a 7, y la mezcla pasa por un tubo lleno de microorganismos. Lo que sale por el otro lado ya lleva la arcilla y el humus ligados a nivel coloidal.
Por eso en biodinámica se habla del complejo arcillo-húmico como una primera formación animal dentro de la tierra. No es una metáfora bonita: describe quién lo fabrica.
«El complejo arcillo-húmico es una primera formación animal dentro de la tierra.»
Esto te da la clave de todo lo demás. Si quieres saber si tu suelo está mejorando, no busques el efecto de un producto. Busca las huellas de esa digestión.
Las ocho señales para saber si tus preparados funcionan
1. La pala
Clava una pala recta a 30 o 40 centímetros y saca un pan de tierra entero, sin romperlo.
Primero fíjate en lo que notan tus brazos: cuánto cuesta entrar. Después mira el perfil. Un suelo que está despertando se desmorona en grumos esponjosos, deja ver los poros verticales y no tiene capas endurecidas a media profundidad. Si la pala choca con una suela de labor, o si el terrón sale en una pieza compacta y grisácea, ahí tienes tu punto de partida.
Es la prueba más vieja y la más honesta. Von Wistinghausen y Maria Thun la usaban como primera lectura de cualquier parcela.

2. El tacto
Coge un puñado de esa tierra, humedécela un poco y frótala entre los dedos.
Lo que buscas es que se sienta plástica, elástica y desmenuzable, y que se te desprenda sola de la mano. La señal que más me gusta de todas es negativa: la tierra deja de pegarse a los dedos. Esa película arcillosa pegajosa que te obliga a limpiarte en el pantalón desaparece cuando el complejo arcillo-húmico está bien formado. Los agricultores que lo notan siempre lo cuentan igual, con esas mismas palabras.
Lo contrario también dice mucho: si se apelmaza como plastilina o si se deshace como arena suelta, la agregación todavía no está.
3. Los turrículos
Mira la superficie, sobre todo en las líneas de cultivo y en las zonas con restos vegetales.
Los turrículos son las deyecciones de lombriz, esos montoncitos enroscados que aparecen después de una lluvia. Son literalmente el complejo arcillo-húmico recién fabricado, puesto encima de tu tierra. Cuando empiezan a verse por todas partes, no hace falta que nadie te diga que la cosa va bien.
4. El agua
Esta prueba la hace la lluvia por ti. Solo tienes que salir después de un buen chaparrón de otoño y mirar dos cosas: los charcos y por dónde se va el agua.
Pfeiffer lo explicaba con una imagen que no se olvida: el agua que sale de tu finca es el recibo de lo que estás perdiendo. Si corre oscura y cargada de sedimento, se está llevando tu humus. Si el suelo se enfanga y se sella en superficie, la estructura no aguanta el impacto de la gota.
«El agua que sale de tu finca es el recibo de lo que estás perdiendo.»
Un suelo bien estructurado absorbe como una esponja, sin encharcarse, y el agua que sale del drenaje sale limpia.
Aquí es donde los ensayos de Klaus Wais ponen números a lo que se ve. En veinte años de comparación, midió el comportamiento de los suelos ante lluvias intensas y tormentas: el suelo con fertilización mineral soluble se enfanga, pierde la porosidad superficial y sufre erosión por escorrentía; el suelo abonado con compost preparado mantiene una estructura granulada estable, encaja el impacto del agua sin disgregarse y no forma suelas. Su conclusión es la que nos importa: la materia orgánica ya metabolizada, junto con las fuerzas de los preparados, es lo que sostiene esa estructura.
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5. El olor
Acerca a la nariz un puñado de tierra recién sacada y huele hondo.
Tiene que oler a sotobosque, a tierra de bosque después de la lluvia. Ese olor lo producen los actinomicetos, que se multiplican bajo la influencia de los preparados. No es poesía: es un indicador microbiológico que llevas puesto de serie.
Si huele agrio, a amoníaco, a azufre o a balsa, hay fermentación anaerobia y falta de aire. Y eso es un aviso, no un detalle.
6. El color
Compara la capa arable de tu parcela con una zona que no trates: el margen del camino, una linde, el borde de la finca.
El oscurecimiento progresivo del suelo es uno de los efectos mejor documentados de los preparados. La tierra tira hacia marrón oscuro o casi negro a medida que se fijan ácidos húmicos estables, frente al tono ocre o blanquecino de los suelos mineralizados y agotados. Es lento, pero es acumulativo y no engaña.
7. Las lombrices
Saca con la pala un bloque de 30 por 30 por 30 centímetros, deshazlo sobre un plástico y cuenta.
El rango que dan las fuentes es brutal. En suelos convencionales tratados con químicos se cuentan alrededor de 4 lombrices por metro cuadrado. En fincas biodinámicas consolidadas, Manfred Klett registró en Dottenfelderhof hasta 600 por metro cuadrado. Entre un extremo y otro está toda la escala de la vida de un suelo.

Mira también las galerías verticales tapizadas de humus y los colémbolos en el mantillo. Las galerías son las autopistas por donde entran el aire y el agua en invierno.
8. Las raíces y los rastrojos
Dos observaciones que van juntas porque hablan de lo mismo.
Arranca con cuidado una planta de la cubierta o una adventicia y lava las raíces con un poco de agua. En un suelo activo las raíces bajan verticales, no se desvían de lado ni hacen codos buscando por dónde pasar, llevan una cabellera fina y tupida, y la tierra se queda adherida a ellas por la red de micorrizas y los mucílagos.
Y fíjate en los restos del cultivo anterior. En un suelo vivo, los rastrojos y el abono verde incorporado en superficie se digieren y pasan a humus en un plazo aproximado de cuatro semanas. Si el rastrojo del año pasado sigue ahí, seco y momificado, la biología está parada.
Cuánto hay que esperar
Esta es la parte que nadie cuenta y por la que mucha gente abandona antes de tiempo.
- A los seis meses. Se notan las primeras señales físicas: la tierra más oscura, más desmenuzable, menos pegajosa en los dedos y con mejor retención de humedad. Son las que recogen los ensayos en viñedo y cultivo intensivo entre una aplicación de otoño y la primavera siguiente.
- A los dos o tres años. Cambia la química por sí sola. En los trabajos de Maria Thun en Dexbach, tres años de tratamiento continuo subieron el pH del suelo de 4,5 a 5,8 o 6,0 sin aportar cal mineral, por el aumento de la actividad microbiana y el reciclaje de bases que hace la fauna.
- A los diez o veinte años. Es el horizonte de los estudios de Wais y del ensayo DOK suizo: capa humífera profunda, masa de lombrices multiplicada y un suelo que aguanta erosiones hídricas y eólicas que se llevan por delante al de al lado.
El ensayo DOK, que compara durante décadas biodinámico, ecológico y convencional, es el respaldo independiente de todo esto: más biomasa microbiana, más micorrizas, estructura más estable y más lombrices en las parcelas biodinámicas.
Un cuadro para llevar al campo
| Qué miras | Suelo bloqueado | Suelo que está despertando |
|---|---|---|
| Pala y perfil | Duro, suelas de labor, capas grisáceas | Entra fácil, grumoso hasta más de 40 cm |
| Agua de lluvia | Charcos, sellado, escorrentía turbia | Absorbe como esponja, drenaje limpio |
| Tacto | Pegajoso o arenoso, deja película | Plástico y desmenuzable, no se pega |
| Olor | Agrio, amoníaco, balsa, o nada | Sotobosque, tierra de bosque |
| Color | Pálido, ocre, grisáceo | Marrón oscuro, casi negro |
| Lombrices | Menos de 5 por metro cuadrado | Decenas o cientos, con galerías |
| Raíces | Superficiales, desviadas, sin pelos | Verticales, ramificadas, con tierra pegada |
| Rastrojo | Intacto de una temporada a otra | Digerido en unas cuatro semanas |
Lo que yo haría este otoño
Coge la libreta, elige dos puntos fijos de una parcela y anota lo que ves en cada uno de estos ocho puntos, con la fecha. Nada más. El año que viene, por estas mismas fechas, vuelve a los mismos dos puntos y repite.
Esa libreta te va a decir más sobre tu finca que cualquier informe. Y tiene una ventaja que no tiene ningún análisis: te obliga a mirar tu tierra despacio, una vez al año, con las manos dentro.
Si haces la prueba y te salen cosas raras, o no sabes cómo interpretar lo que ves, respóndeme contándomelo. Me gusta leer cómo va cada finca.
Este otoño es el momento de aplicarlos, mientras la tierra guarda calor.
Quiero preparar mi tierra este otoño
Un afectuoso saludo,
Jordi
Fuentes del corpus utilizadas: Congreso de Agricultura de Dornach 2015 (Klaus Wais), Congresos de Agricultura 2017 y 2018 (Uli Johannes König), Curso de Agricultura Biodinámica y visita de 1996 (Manfred Klett), visita de 1991 (Eckard von Wistinghausen), El Semblante de la Tierra (Ehrenfried Pfeiffer), El Humus, Guía Práctica Biodinámica, Guía de Preparados, Calendarios de Maria Thun 1999, 2000 y 2012, Fundamentos de Biodinámica (Raúl Colmenares) y el estudio de preparados biodinámicos 2020 de la Sección de Agricultura.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tarda en notarse que los preparados funcionan?
A los seis meses se ven las primeras señales físicas: tierra más oscura, más desmenuzable y menos pegajosa. A los dos o tres años cambia la química del suelo por sí sola, y a los diez o veinte se forma una capa humífera profunda. Es lento pero acumulativo.
¿Puedo saber si mis preparados funcionan sin análisis de laboratorio?
Sí. Con una pala, media hora y saber qué mirar puedes leer ocho señales en tu propio suelo: la estructura al clavar la pala, el tacto, los turrículos, el agua de lluvia, el olor, el color, las lombrices y las raíces.
¿Cuál es la señal más clara de un suelo vivo?
Las lombrices. En suelos convencionales se cuentan unas 4 por metro cuadrado; en fincas biodinámicas consolidadas se han registrado hasta 600. También el olor a sotobosque y que la tierra deje de pegarse a los dedos son señales muy fiables.
¿Cuándo es la mejor época para revisar el suelo?
En otoño, con la tierra húmeda, sin cultivo encima y todavía con el calor del verano: la actividad biológica está a la vista. Es, además, la mejor época para aplicar los preparados.










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